CONVERSACIONES CON LA MADRE
Agosto de 1949
La Energía Inagotable
Una de las más poderosas ayudas que la disciplina yóguica puede proporcionar al deportista es enseñarle a renovar sus energías absorbiéndolas de la fuente inagotable de energía universal.

La ciencia moderna ha realizado un gran progreso en el arte de la alimentación, que es el mejor medio conocido de restablecer las propias energías. Pero este proceso es, en el mejor de los casos, precario y sometido a toda clase de limitaciones. No hablaremos aquí de él porque este tema ha sido discutido ya con suficiente extensión. Pero es obvio que, mientras el mundo y los hombres sean lo que son, la comida es un factor indispensable. La ciencia yóguica conoce otros modos de adquirir energía y mencionaremos aquí dos de los más importantes.
El primero es ponerse en relación con las energías acumuladas en el mundo terrestre material y absorberlas libremente de esta fuente inexhaustible, Estas energías materiales son obscuras y semiconscientes; estimulan la animalidad en el hombre pero, al mismo tiempo, establecen un tipo de relación armoniosa entre el ser humano y la Naturaleza material. Aquellos que saben cómo recibir y usar estas energías triunfan habitualmente en la vida y en toda empresa que se propongan. Pero dependen aún en gran medida de sus condiciones de vida y del estado de su salud corporal. La armonía creada en ellos no es inmune a todo tipo de ataque; usualmente se desvanece cuando las circunstancias se tornan adversas. El niño recibe de modo espontáneo estas energías de la Naturaleza material a medida que gasta las propias sin ningún cálculo, alegre y libremente. Pero en la mayoría de los seres humanos, a medida que se desarrollan, esta facultad resulta inhibida por las preocupaciones de la vida, como resultado del lugar predominante que las actividades mentales acaban por adquirir en la consciencia.
Sin embargo, existe una fuente de energía que, una vez descubierta, nunca se agota sean las que sean las circunstancias externas y las condiciones de la vida. Es la energía que puede ser descrita como espiritual y que no se recibe ya desde abajo sino desde arriba, desde el supremo origen del universo y del hombre, desde los esplendores todopoderosos y eternos del supraconciente. Está ahí, a nuestro alrededor, saturando toda cosa; y para entrar en contacto con ella y recibirla basta con aspirar sinceramente a ella, abrirse a ella con fe y con confianza, expandir la propia consciencia e identificarse con la Consciencia universal.
Al principio, esto puede parecer muy difícil, si no imposible. Sin embargo, si examinamos este fenómeno con más detenimiento, puede comprobarse que no es tan extraño, no tan remoto de la conciencia humana normalmente desarrollada. Ciertamente, hay muy pocas personas que no se hayan sentido, por lo menos una vez en sus vidas, como elevadas por encima de sí mismas, colmadas por una fuerza inesperada y poco común que, por un tiempo, las ha hecho capaces de hacer cualquier cosa; en tales momentos nada parece demasiado difícil y la palabra ‘imposible’ pierde todo su significado. Esta experiencia, por más fugaz que pueda ser, da una vislumbre del tipo de contacto con la energía superior que la disciplina yóguica puede asegurar y mantener. El método de conseguir este contacto dificilmente podría ser dado aquí. Además, es algo individual y único para cada uno, algo que empieza donde se halla el individuo, adaptándose a sí mismo a sus necesidades personales y ayudándole a dar cada vez un paso más hacia delante. El camino es a veces largo y lento, pero el resultado hace que merezca la pena el esfuerzo. Podemos fácilmente imaginar las consecuencias de este poder de beber a voluntad y en todas las circunstancias de la fuente ilimitada de una energía que es todopoderosa en su luminosa pureza. Cansancio, agotamiento, enfermedad, vejez e incluso la muerte se convierten en meros obstáculos en el camino, obstáculos que con una persistente voluntad serán con certeza superados.
LA MADRE
(traducción Miguel BORDERA)



El yoga infantil, aumenta la flexibilidad y mejora la coordinación de movimientos. Mejora la capacidad respiratoria y ayuda a tomar conciencia corporal, algo que resulta bastante inusual en los niños. También mejora el equilibrio por lo que resulta de gran utilidad a niños con problemas de agilidad o de bajo tono muscular. Los niños que conocen su cuerpo aprenden a respirar profundamente y el arte de relajarse. Al aprender a conocer a su cuerpo mejoran sus actitudes corporales, evitando así malos hábitos posturales perjudícales en particular para la columna vertebral.
Al mejorar la consciencia de sí mismo, en particular física, permite al niño adoptar una postura correcta en clase, favoreciendo el riego correcto del cerebro y facilitando su atención y comprensión. Aprendiendo a controlarse cuando mantiene una postura el niño puede trasladar ese control en el ámbito escolar y aguantar el “suplicio” de quedar sentado muchas horas con más facilidad evitando así mismo la distracción. Con los ejercicios de respiración el niño aprende a canalizar su nerviosismo y su agresividad así como a canalizar su energía en los objetivos escolares.




